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Breve crónica de agravios y atropellos a la cultura en Pátzcuaro, Michoacán

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Por ser de interés general para la población local y regional, publicaré en este espacio en siete entregas el documento que escribí en mayo de 2004 bajo el título Breve crónica de agravios y atropellos a la cultura en Pátzcuaro, Michoacán. Ello va en sintonía con el interés creciente por recuperar para la ciudad y municipio el centro cultural Antiguo Colegio Jesuita, cuya trayectoria histórica aconseja dedicarlo a actividades académicas que contribuyan al desarrollo social y cultural de la región lacustre de Pátzcuaro.

Segunda de siete partes

La manzana de la discordia y su restauración

La construcción del antiguo Colegio Jesuita data del siglo XVI; ésta se inició en 1585 en la llamada crujía sur, aprovechando la pendiente natural del terreno, sin que quedara totalmente concluido en ese siglo con la fisonomía que actualmente conocemos.

El edificio tiene la configuración típica de las instituciones de la Compañía, en las que por lo regular se edificaba un templo al lado, al que quedaban comunicados físicamente, siendo independientes a la vez, como es el caso del Colegio de San Pedro y San Pablo, en la ciudad de  México, primera institución jesuita en la Nueva España. En el caso de Pátzcuaro, que fue la segunda, el templo corresponde a lo que fue la primer catedral de Michoacán, hoy conocido como templo de la Compañía. Ambas construcciones se levantaron sobre la plataforma de un templo mayor purépecha.

 

La construcción jesuita consta de dos plantas, con una superficie entre ambas de más de 5 mil metros cuadrados, con tres patios al interior y dos que dan al huerto. La propiedad completa cuenta además con más de 4 mil metros cuadrados de huerto sobre un terreno en pendiente. La construcción total da techo a 34 salas de diversas dimensiones.

 

El inmueble estuvo a cargo de los jesuitas hasta 1767, año de su expulsión de la Nueva España. A partir de entonces tuvo diversos destinos, en la mayoría de los casos relacionados con la enseñanza, salvo cuando sirvió de cuartel militar en las primeras décadas del siglo pasado.

 

El estado de deterioro  a consecuencia del abandono y falta de mantenimiento por más de treinta años, nos pusieron ante un inmueble en condiciones catastróficas, con techumbres derruidas, muros totalmente perdidos, entrepisos caídos, maleza y hasta árboles cubriendo ciertas áreas de salones y patios, pérdida en los acabados, puertas y ventanas podridas casi en su totalidad, así como  inservibles las instalaciones sanitarias, hidráulicas y eléctricas.

Para efectos de la restauración arquitectónica del Ex Colegio Jesuita se requirió la elaboración de varios estudios: de materiales tradicionales, de la concepción de espacios originales, de evaluación de intervenciones anteriores y, por supuesto, el diseño del proyecto de uso y destino, sin que se modificaran los espacios concebidos en el proyecto de construcción original.

Hay que mencionar que al hacer la revisión de las intervenciones anteriores, se encontró que para efectos prácticos durante la vida activa del edificio se habían adaptado salones con muros falsos, se habían cancelado puertas y  abierto ventanas, además de haber modificado ciertas alturas en la techumbre del lado norte.

Dentro de lo que fue el estudio de materiales constructivos, se determinó el uso de adobe, madera, teja de barro, baldosa, piedra, aplanados y requemado a la cal en los muros. También se determinó rescatar los restos de sobrias pinturas murales alusivas a la orden jesuita, que se ubican en la crujía sur, trabajo que fue realizado por estudiantes de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete”.

La restauración integral del inmueble llevó 3 años de trabajo ininterrumpido, de 1992 a 1994 (los dos años anteriores fueron de conformación del patronato, elaboración de los proyectos y de gestiones); la obra restaurativa tuvo un costo de 3 millones 500 mil pesos actuales, distribuidos de manera tripartita, según la normatividad del PRONASOL: 50 por ciento de la Federación, 25 por ciento del gobierno del estado y la comunidad el otro 25 por ciento. (Continúa en la tercera parte)

 
   
 
   
 
   
 

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