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ARENA SUELTA. CADA CHANGO A SU MECATE…

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Las inconformidades sociales no son propias de una época o un tiempo, las manifestaciones por la exigencia de nuestros derechos no son una opción, no, en una nación que se defina como democrática se trata de un derecho, de esos que no están a discusión, sino que se deben de cumplir a cabalidad, y ha de ser garantía de las autoridades el que sus ciudadanos gocen de este beneficio.

La humanidad se ha tomado muy en serio conflictuarse entre sí,  lo que se muestra desde la separación de sus terrenos con grandes bardas de piedra, hasta las desavenencias por temas inverosímiles. Tiene rato que se nos olvidó la hermandad, y parece que vivimos briagos de maldad,  misma que sería deseable, fuese tratada por cada uno, y administrada de manera personal. Pero la rabia es tanta, que siempre termina buscando víctimas, y también, casi siempre, daño a un tercero.

No puede ser más vigente la frase popular que dice  que “hasta lo que no se comen les hace daño”, porque todo mundo opina de todo, y porque son pocos los que todavía se ofuscan por el dolor de los demás, o porque en la actualidad cada uno busca  su beneficio, y cada sujeto, volcado en el egoísmo, le es suficiente con tener para él, aunque los demás mueran, porque encuentran la felicidad en el dinero, y él mismo, sin considerar nuestra naturaleza social.

Si el que funda su felicidad en el dinero termina haciendo todo por el dinero, entonces, el que legisla para su beneficio, termina haciendo leyes para uno sólo, y el que se preocupa por su alimento sin pensar en otras bocas, ha de ser quien merezca que se diga el otro dicho que dicta, que como el pez por su boca muera, y que bueno sería que el día que necesite se le ignore, como él antes ignoró o mostró indiferencia.

Si el que gobierna lo hace bien, lo debe hacer para todos y no únicamente para sus partidarios, y debe tener respuesta a la mayoría de las solicitudes,  que se le hagan llegar. No será un buen gobierno el que actúe bajo un pensamiento cerrado, tras sus creencias religiosas, y limitado por estatutos definidos siempre como conservadores o todo el tiempo liberales. La justa medianía se hace básica en el ejercicio de cualquier tipo de poder.

Los prejuicios han sido los culpables de segregaciones importantes, y de informidades tumultuarias o personales.

Si un tema es desconocido para el que tiene la facultad de ser promotor de alguna ley, normal o costumbre, es una responsabilidad el que se ilustre, y que participe dentro de la democracia como ente respetuoso de los deseos sociales. Basta de los grupos de personas y de los representantes populares cobardes, que señalan e impiden el desarrollo por tener una forma de pensar, por creer en algo y considerar que los otros deben aguantarse o pensar igual.

En fechas como el día de la diversidad, el día de la mujer, o los días contra la esclavitud humana, ocurren acciones y manifestaciones a favor y en contra de cosas que deberían, por demás, dejarse para su tratado, su análisis y su legislación a los especialistas, a los involucrados y no estar opinando bajo aberraciones en las que no construyen, sino destruyen a incitan a la homofobia, a la misoginia o a la discriminación.

Hay condiciones humanas que indican que vamos directos al barranco en materia de libertades, que muestran la decadencia de la humanidad, y al contrario, muestran la miseria en la que nos estamos convirtiendo, al pensar que lo primero y lo último, son los intereses personales. Tendremos que decir adiós a la comuna, a lo común, a la comunidad, para seguir siendo él, y la super yo.

Cada cual debe seguir, su cada quien, “cada chango con su mecate”, dejemos que el mundo sea libre, defendamos las libertades, sin inmiscuirnos en lo que no nos compete o no nos incumbe. Nunca se ha visto la felicidad entre los que se meten en lo que no deben, ni en los que creen que tiene la razón y deben ser los guías de aquellos que no necesitan quien lo guie. No hace falta que mañana tengamos una guerra para tener que unirnos, sin importar el color de la piel,  la preferencia, o las creencias. Tampoco son necesarias las desgracias para mostrar humanidad, pues sería como aceptar que se tiene que estar enfermo para valorar la salud.

El hombre que evolucionó, si es que lo ha hecho, no solo debe denotarlo en la estructura ósea, los estudios, la ciencia, el derecho o la educación, se ha de conducir alejado de lo millennial como moda, de los defectos del pasado, y del prejuicio que dañó a miles, pues a ser amable con el niño, el joven y el adulto, y amoroso consigo con capacidad de salpicar de amor…

 

 

 
   
 
   
 
   
 

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